MariteOtero en "Un Mundo Sin Igual" Banco Exterior

martes, 17 de noviembre de 2015

Entrena tu cerebro


Columna Marité con Garras
Publicado originalmente en la Revista E-Integral #37
María Teresa Otero @Mariteotero
marite.otero@gmail.com

La felicidad no es una meta es una forma de vida repiten con frecuencia los motivadores de vida, sin embargo la felicidad también depende de resultados de procesos puramente fisiológicos, esta idea está basada en las investigaciones que hacen referencia a la Neuroplasticidad.

Inicialmente los investigadores apuntaban a que los cambios en la estructura cerebral solo podían llevarse a cabo durante nuestra niñez, investigaciones más recientes demuestran que el cerebro continúa creando nuevas conexiones neuronales y alterando las ya existentes con el objetivo de adaptarse a nuevas experiencias, aprendiendo de la conducta y de la nueva información.

Un poco de teoría: El cerebro está conformado por más de 100 mil millones de neuronas, hoy en día gracias a los importantes avances científicos conocemos que el cerebro tiene la capacidad de reorganizar sus rutas neuronales, crear nuevas conexiones e  incluso crear nuevas neuronas como en el hipocampo.

Los primeros años de vida son de rápido crecimiento para la estructura cerebral. Al nacer, cada neurona de la corteza tiene unas  2.500 sinapsis. Con tres años, este número aumenta a 10.000 sinapsis por neurona. Un adulto, por su parte, tiene la mitad.

¿Me sigues? La primera vez que leí esta información quedé sorprendida, ¿cuál es la causa de la disminución? Comencé a pensar si eso explicaría la razón por la cual los niños aprenden más rápido que los adultos, resulta que a medida que ganamos en experiencias y nuevas conductas las conexiones sinápticas se fortalecen, mientras aquellas que no se usan son eliminadas. Este proceso se conoce como la poda sináptica. Las neuronas que utilizamos con mayor  frecuencia desarrollan conexiones sólidas y las que se utilizan poco eventualmente mueren.

Partiendo de los resultados de estas investigaciones, podríamos detenernos en la idea de programar nuestras neuronas para la felicidad, si por el contrario, nuestro actuar enseña a nuestra materia gris a interpretar y aceptar lo que nos ocurre de forma negativa, dará igual lo que vivamos ya que basados en nuestra programación no podremos sacar provecho de ello.

Con frecuencia voy a un centro de belleza y relajación, uno de estos días me acosté en una camilla masajeadora (todos deberíamos de tener una en casa), comencé a sentir un movimiento reconfortante y cálido en mi espalda, planee estar allí por al menos 20 minutos, sin embargo no habían transcurrido cinco minutos cuando ya quería salir corriendo, era como si a mi mente le hubiesen subido todo el volumen, iba de un pensamiento a otro sin freno, ni control.

Lo que generalmente nos complica a todos es que estamos mucho tiempo en el estado de distracción de la mente y este modo de funcionar cuando se extiende en el tiempo y se hace crónico genera infelicidad, frustraciones e insatisfacción. La mente está desatenta e inquieta, convirtiéndose en el caldo de cultivo para la ansiedad y la preocupación.

Ejercita tu cerebro, no solo el cuerpo necesita entrenamiento, nuestra mente también debe llevar a cabo algunas repeticiones con disciplina para mejorar su potencial, acá te comparto algunos ejercicios básicos.

Meditar para crecer. Hace casi dos décadas se estudió el cerebro de personas amantes de la meditación y se observó la activación del área prefrontal izquierda, asociada a las emociones positivas: bondad, amor, aceptación, equilibrio. Los meditadores ya sabían por auto observación que entrenando sus mentes podían ser más felices, los científicos corroboraron sus teorías.  

Un estudio de Harvard publicado en 2011, demostró que después de 8 semanas de meditaciones diarias de 27 minutos, ya era detectable un aumento en la densidad de la materia gris del hipocampo de los participantes.

Cuando meditamos logramos sortear la emergencia de cualquier circunstancia con una actitud de amabilidad, activamos la resiliencia y convertimos las dificultades en oportunidades de vida. Esta preparación conduce a un estado armónico aún en los momentos más complicados, que a decir verdad es cuando más necesitamos de paz interior.

Nuestros pensamientos más profundos se reflejarán en nuestro comportamiento. Si somos capaces de centrarnos en lo positivo y pensar en el futuro como un abanico de posibilidades, no solo lograremos ser más felices sino que además lograremos mayor productividad en nuestro quehacer diario.

Sentarse en un lugar tranquilo, cerrar los ojo y rememorar uno de tus momentos más felices puede ser una manera para favorecer nuevas conexiones neuronales

Hormonas de la felicidad. La dopamina liberada por el cerebro está ligada al placer, la motivación y la cognición, hacer ejercicios, realizar una actividad que nos apasione (en mi caso bailar, leer, escribir), alimentarse correctamente, hacer el amor, son acciones que contribuirán con la producción natural de estos químicos.

Por otra parte, algunos estudios han demostrado que anticipar mentalmente una actividad agradable incrementa automáticamente nuestros niveles de endorfinas, (piensa como te sientes cuando sabes que verás una película que has esperado durante mucho tiempo) Si no hay nada cercano sobre lo que emocionarse, es recomendable fijar una actividad agradable en un calendario, así lo tendremos a mano cada vez que queramos subirnos el ánimo.

Duerme Más. Según los especialistas los estímulos negativos se procesan en la amígdala y los positivos en el hipocampo, la falta de sueño afecta con mayor intensidad al hipocampo, es por ello que las personas que duermen mal tienen mayor tendencia a recordar con intensidad los eventos negativos dejando pasar los positivos.

Sonríe. Muchos son los estudios que confirman que el simple hecho de sonreír favorece nuestro bienestar, nuestros pensamientos más profundos, lo fisiológico y lo mental están mucho más conectado de lo que pensamos, comienza por esbozar una sonrisa y luego convierte el gesto en un hábito.  

Sé altruista. Diversos estudios demuestran que los actos de bondad afectan positivamente nuestra salud, además de reducir estrés. Desde lo más sencillo como  sostener la puerta, ayudar a cruzar la calle, llevar las bolsas de una persona mayor, son actos cuyos efectos pueden durar días. Las investigaciones apuntan a que los efectos de la bondad son más potentes cuando se concentran en una día de la semana.

Gasta (pero no en cosas). Gastar dinero en experiencias que impulsan las relaciones, sobre todo con otras personas, produce emociones positivas más potentes y duraderas que la compra de objetos materiales, estas experiencias pueden ser salir a comer, ir a un concierto, hacer paseos familiares, agrega a la lista tu actividad preferida.

Ser feliz y optimista es el resultado de un proceso mental que requiere trabajo, entrena, persiste, si lo crees lo logras.